¿Qué representa Claudia Sheinbaum en esta elección? Continuidad. ¿Por qué se vota si se vota por ella? Para que México siga el rumbo de este sexenio. ¿Cuál es su programa político, su visión económica, sus propuestas en materia de seguridad, salud o educación? Parece secundario: su misión es ampliar, profundizar y hacer irreversible el proyecto de López Obrador.
No es una opinión editorial; Esto es lo que afirman ella, su equipo y sus seguidores; Es lo que sustenta su candidatura, es su oferta de campaña y su programa de acción: ser la extensión, el custodio, el “segundo piso” del López Obradorismo, Claudia Dixit.
Además, la reciente revocación de mandato será una amenaza permanente con la que AMLO podrá chantajear a su sucesora si ella no sigue la línea. Si alguien lo duda, sólo resta ver la forma en que el lopezobradorismo capitalino derrotó al candidato de Sheinbaum, Omar García Harfuch, e impuso a la favorita del presidente, Clara Brugada. El mensaje es inequívoco: aunque la posición nominal cambia de manos, el programa, el liderazgo, la legitimidad y la capacidad de movilización masiva son retenidos por “ya sabes quién”.
Podríamos citar muchas otras señales, como la renuncia de Arturo Zaldívar, que faculta a López Obrador para nombrar un ministro de la Corte Suprema que no le correspondía a él, sino a la potencial presidenta Sheinbaum. Un caso más de acomodación anticipada de cuadros propios en la futura administración, para garantizar proyectos y control transexenales.
Pese a todo, son muchos los analistas empeñados en hacer lecturas forzosas para esclarecer qué es el “claudismo”, aunque al menos hoy, sólo viva como una hipótesis en su imaginario. La oportunidad más reciente para alimentar estas ilusiones se produjo el sábado pasado, cuando Sheinbaum presentó un equipo que supuestamente desarrollará su plan de gobierno, entre los que se encuentran figuras tan honorables y destacadas como Alejandro Murat.
«Es un equipo ‘plural’». «Hay perfiles técnicos». Estos y otros lugares comunes naufragan en medio de la realidad antes mencionada. El proyecto de Sheinbaum ya está definido y definido por AMLO: continuar y profundizar el trabajo de su sexenio. Ninguno de Fuente ni Meyer va a tomar ninguna decisión relevante y mucho menos contraria a lo que determine el dirigente.
Además, en 2018 se utilizó el mismo método: AMLO se rodeó de uno que otro académico para darle un barniz de sentido común a su campaña entre las clases medias. Creyeron ingenuamente que lo “moderarían”. Una vez en el poder, López Obrador hizo lo previsible: los relegó y humilló, como Urzúa o Esquivel, quienes, presa del síndrome de Estocolmo, repiten la aventura.
Si gana la presidencia, quizás en algún momento Sheinbaum tenga la necesidad política de romper con López Obrador, como antes lo hicieron Cárdenas, López Portillo, Zedillo o tantos otros con sus antecesores. De no ser por esto -incluso con los instrumentos del Estado formalmente en su mano- necesitaría de hecho su propia base socioelectoral, su propia legitimidad y su propio liderazgo para prevalecer. Hoy ha tomado prestado todo eso.
Quienes en 2018 creían que AMLO se convertiría en demócrata cuando ya era presidente, hoy buscan convencerse de que ahora llegará “el verdadero cambio”. Ingenuidad o cinismo. Lo cierto es que por ahora “claudismo” significa una sola cosa: la extensión instrumental del lopezobradorismo. Para que luego nadie se enfade con el “no se puede saber”.
POR GUILLERMO LERDO DE TEJADA SERVITJE
COLABORADOR
@GUILLERMOLERDO
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Esta nota es parte de la red de Wepolis y fué publicada por el 2023-12-08 05:59:45 en:
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