Que la paz sea con vosotros; tal es el idéntico y sustancial significado en árabe y hebreo de dichas expresiones. Provienen de un ancestro lingüístico común, la antigua lengua hebraica. En árabe el saludo se responde invirtiendo los términos; entre los judíos tiene un uso más formal, y se la utiliza en la víspera del descanso sabático y en su transcurso.
Ambos pueblos son semitas, descienden de Sem, el mayor de los tres hijos de Noé según la Biblia y el Corán. Según la historia bíblica Isaac e Ismael, los ancestros de judíos y árabes, eran hijos de distintas madres, Sara y Agar y de un mismo padre, Abraham, patriarca y profeta venerado por el islam y el judaísmo.
Todo saludo es en sí una demostración de pacifismo, y se intercambia incluso entre los animales de una misma especie. Las abejas y hormigas con señales químicas o tocándose las antenas; las aves, con trinos y danzas; los loros, con sonidos; los perros, oliéndose; los elefantes, con sus trompas; los lobos, aullando, moviendo la cola o lamiéndose el hocico; los delfines, con silbidos y golpeando sus aletas; los leones, sobándose las cabezas, y nuestros antepasados, chimpancés y bonobos, con vocalizaciones de gruñidos y tocándose las manos.
Entre los animales el saludo ha sido invariable, pero no así entre los seres humanos: en la antigüedad los turcos expresaban “ojalá tu sombra nunca disminuya”; los egipcios, hacían reverencias y deseaban “buena transpiración”; los chinos interrogaban “has comido ya su arroz”; los romanos pronunciaban “salve”; y los griegos, alégrate (χαῖρε). Llegado el siglo V a.C., en Grecia se impuso saludar con un apretón de la mano derecha, la diestra, usada para empuñar armas, demostrando estar desarmado y con intención de paz.
Mas tarde se impusieron otras modalidades que duraron, diría, hasta la pandemia del Covid, cuya influencia en los más variados aspectos de la vida aún no se ha terminado de inventariar, y que anatemizó el estrechar la mano, dejando de ser una demostración de pacifismo e imponiendo lo inverso: saludar con los puños, chocándolos, o con los codos, y manteniendo la boca tapada desde la barbilla a la nariz.
Mas tarde la era digital arrasó toda gestualidad e impuso los emojis y gifs. La desaparición de la paz hasta en el saludo es una confirmación simbólica de este mundo de violencia, conflictos y guerras.
La violencia se ha mundializado y se ha hecho resistente a la erradicación
Según el Génesis el diluvio universal, del cual Dios salvara solo a Noé y a su familia junto a un par de cada especie animal (cap.6 vers.13), fue dispuesto como castigo a la humanidad por la maldad existente, puesto que la tierra estaba llena de violencia.
Ante el actual panorama con una violencia en crecimiento exponencial y formas ostentosas, cabría poner en duda si el drástico castigo bíblico ha logrado su objetivo.
Dice Byung-Chul Han (profesor de Filosofía y Estudios Culturales de la Universidad de Berlin) en “Topología de la violencia”, uno de sus múltiples libros, que hay cosas que nunca desaparecen, y entre ellas, se encuentra la violencia. La modernidad -agrega- no se define, precisamente, por su aversión a esta.
La realidad confirma irrebatiblemente dicha afirmación. Mas aun, la violencia se ha mundializado y si existiese la posibilidad de una medición sobre la situación geopolítica y de la tensión de las relaciones internacionales (al igual que se mide la posible actividad volcánica o aparición de tsunamis) no debiera sorprender si revelase que nos hallamos ante una marca desusual y apocalíptica.
Hoy, desde todos los ángulos geopolíticos se asoma el espectro de una tercera guerra mundial; la OTAN a través de un alto funcionario, ha sostenido recientemente que Europa debe poner en marcha los preparativos al respecto, y distintos países incluso los recientemente incorporados (Finlandia y Suecia) a esa organización convocan a realizar ejercicios militares masivos, encendiéndose nuevos focos de enfrentamiento en distintos lugares del planeta.
Se hallan activas actualmente unas ochenta confrontaciones bélicas (entre guerras y conflictos armados) según el Council on Foreign Relations además de una nueva versión de la guerra fría que reedita la clásica contraposición de dos concepciones opuestas del mundo, el oriental y el occidental, con Estados Unidos y la Republica China como principales protagonistas. El panorama actual se completa con intensos intercambios de amenazas, incluso nucleares, espionajes de alta sofisticación tecnológica, prepotentes exhibiciones de poderío armamentístico y el desarrollo de conflictos proxy, a través de terceros países.
La tierra, el cielo, el mar, y hasta el espacio extraterrestre son escenarios bélicos.
En el oeste de Europa, el Asia-Pacifico, el mar meridional de China, el estrecho de Taiwán, la Península Coreana, el Medio Oriente, el Sahel africano, Yemen, Siria, Etiopía, Ucrania, Israel, y tantos otros territorios, la destrucción causada por los enfrentamientos es incesante.
A poco más de un siglo de la primera guerra y no cumplidos ochenta años de la segunda, las dos más grandes y letales de la historia de la «humanidad», pareciera ignorarse que éstas han causado la devastación y la muerte de más de cien millones de personas además de varios millones de heridos y mutilados permanentes.
¿Es que nada ha aprendido el ser humano de la historia?
La última gran guerra fue escenario del crimen más horrendo y atroz en términos de violencia del hombre contra el hombre, la Shoa (impropiamente denominada Holocausto que significa sacrificio). Un jurista polaco, Raphael Lemkin, le dio el nombre que ha trascendido y con el cual se ha designado en 1948 la Convención de las Naciones Unidas para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio.
A pesar de haber sido ratificada por más de 150 países, dicho crimen, lejos de desaparecer, siguió propagándose viralmente según lo explica Bernardo Bruneteau en su conmovedor libro “El siglo de los Genocidios”.
La realidad, lamentablemente, confirma que a partir del comienzo del 2000 se han repetido genocidios en Darfur, Sudan (2003), del Estado islámico contra los yazidies (2014); en Myanmar, Birmania, contra los rohingyas (2016); en Tigray, Etiopia (2020), y más cercanamente por Hamas (2023) en Israel.
Este último motivó como réplica la declaración de guerra de dicho Estado contra el grupo terrorista islámico que causó más de mil trescientos asesinatos, el secuestro de más de doscientas indefensas personas, ancianos, mujeres, jóvenes y niños, la decapitación de bebés, la violación y mutilaran de mujeres de toda edad, a las cuales les dispararon en la vagina y en los pechos. Sus cadáveres desnudos fueron abandonados, para retirarse no sin antes saquear e incendiar las viviendas.
Los terroristas filmaron sus horrendos crímenes, los cuales, en medio de festejos, exhibieron como prueba en el territorio palestino.
De esta masacre se ha dicho que “supera todo cuanto un ser humano puede entender y asimilar”, y se la ha calificado de nueva versión de la Shoa.
La gente recuerda a las víctimas del atentado al teatro Crocus City Hall en MoscúHace días solamente, en la sala de conciertos Crocus City Hall de Krasnogorsk, Moscu, se reprodujo otro ataque asesino del terrorismo fanático, en este caso reconocido casi de inmediato por el propio ISIS en su versión actual con el aditamento de K.
Las similitudes con el ataque de Hamas del 7-O saltan a la vista y espantan por igual. La matriz criminal es idéntica; la actuación de los asesinos se hace con sus rostros anonimizados, matan a mansalva con el uso de ametralladoras a simples e inocentes ciudadanos para abandonar el sitio incendiado con más de centenar y medio de muertos y otro tanto de heridos.
No dejaron de filmar tales espantosas escenas que la prensa mundial prontamente difundió, entre ellas, la del horrible degüello de un espectador al siniestro alarido de los asesinos: “Allah es grande”.
Si Sófocles, que en “Edipo en Colona” dice que Zeus comparte su trono con la Piedad para todo acto humano, hubiere imaginado posibilidad de estos bestiales y horrendos crímenes, seguramente los hubiera excluido.
La monstruosidad de estos ataques vuelve una vez más la mirada sobre el porqué de la violencia
. ¿Se debe a la naturaleza biológica del hombre? Una primera aproximación tienta a imputar la violencia a su naturaleza similar a la de los animales, pues el hombre primitivo tuvo que luchar para defenderse y vencer a especies más poderosas y sobrevivir, al igual que otros seres de la escala zoológica.
Thomas Hobbes refiriéndose a la razón de ser de la violencia en “El Leviatán” escrito en 1651 e inspirado en Plauto (comediógrafo 250-184 a.C.) afirma que el hombre es un lobo para el hombre. Se trata, sin embargo, de una percepción que no se corresponde con la realidad; es una metáfora, un mito, elaborado para llamar la atención sobre el hecho del que Hobbes estaba convencido, esto es, que la violencia del ser humano es similar a la de los animales salvajes.
Ha mencionado a los lobos, y ha debido olvidar un mito opuesto, el de Rómulo y Remo, fundadores de Roma, hijos gemelos de Rea Silvia, una vestal, y Marte, el dios de la guerra, los cuales, de recién nacidos habían sido arrojados al río Tíber para asegurar su muerte, y como el cesto que los transportaba quedó atrapado en un banco de arena del río, el destino permitió que sobrevivieran. Allí los habría encontrado una loba, atraída por los llantos de estos bebés y se acercó a ellos: lejos de devorarlos, los amamantó y cuidó en su guarida en el Monte Palatino, e incluso, según versiones, es claro, un pájaro picazo también les proporcionó alimento durante este tiempo.
Saliendo ya de los mitos y leyendas, es la cruda realidad la que demuestra que la violencia que se atribuye a los animales no les es imputable, sino que su causa debe buscarse en el hombre, y sobran ejemplos.
En Tanzania, en 1974, el brutal asesinato del chimpancé (Godi) a manos de otros primates en el Parque Nacional de Gombe, desencadenó una guerra entre ellos por cuatro años, lo que fue relatado por la renombrada etóloga y primatóloga Jane Goodall.
En esas circunstancias los simios no estaban compitiendo por liderazgo, jerarquía o por razones vinculadas a la reproducción, y tampoco ejercían violencia por la violencia misma, sino debido a que el hombre les había destruido su hábitat y restringido el acceso a sus fuentes naturales de alimentos. ¿A quiénes se debe considerar salvajes?
En Estados Unidos, el laboratorio New York Blood Center, envió de regreso a Liberia a 66 chimpancés que habían utilizado para sus pruebas durante décadas inyectándoles virus (VIH, ébola y hepatitis) y sometiéndolos a diversas operaciones quirúrgicas. Los reintegraron a una isla en su país de origen, abandonándolos a su suerte, sin alimentos, agua ni atención veterinaria, y sin la más mínima conmiseración. ¿A quiénes se debe considerar salvajes?
Un reciente artículo (France Soir, 01.02.2024) da cuenta que Neuralink, empresa empeñada en lograr implantar el chip Telepathy en el cerebro humano, admitió que hace unos cinco años trabajó en el injerto de sensores en el de monos, muchos de los cuales murieron.
La empresa negó que las muertes se hubieren producido por culpa del chip y publicó un video que muestra a un mono que juega “de pensamiento” al ping-pong, lo cual no fue efectivo para disuadir y con razón, al Comité de Profesionales por una Medicina Responsable para acusar a la empresa de realizar esos experimentos con 23 monos: a quince sacrificaron directamente, otros soportaron «un sufrimiento extremo, como resultado del maltrato animal, uno perdió varios dedos de las manos y los pies posiblemente debido a autolesiones u otros traumatismos no especificados, y otro desarrolló una infección debido a la implantación de los electrodos cerebrales. ¿A quiénes de debe considerar salvajes?
Los animales son seres sintientes y sufrientes según han definido nuestros tribunales, a los cuales han considerado personas no humanas. Es manifiesto y paradójico que estas personas no humanas sean víctimas de la violencia, salvajismo, maltrato y crueldad por personas humanas.
¿Se explica la violencia por la naturaleza psíquica del hombre?
En «El malestar en la cultura» (1930) Freud explica que el origen de toda violencia es la pulsión de muerte, basándose en la lucha y preeminencia del instinto de muerte (Thanatos), destrucción, agresión y violencia por sobre el de vida (Eros).
Sigmund FreudEl padre del psicoanálisis afirma que el hombre posee una tendencia innata a la maldad y a la crueldad, una disposición instintiva y autónoma del ser humano. Sostiene…
Esta nota es parte de la red de Wepolis y fué publicada por Vicente Vicente Rodriguez el 2024-03-30 22:59:05 en:
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